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Arte y Estilo de Vida

León Trotsky y su renacer en México.

León Trotsky, político ruso, con orígenes judíos, perseguido por muchos, odiado por otros y admirado por muchos otros más, refugiado de incontables países, en los cuales iba perdiendo la esperanza poco a poco, conforme pasaba por ellos, esperanza de algún día ser libre de nuevo, de no sentirse perseguido, de no pensar que su vida estaba en constante peligro, incluso de no querer ni asomarse a la ventana por miedo a recibir un disparo en la cabeza procedente de quien sabe dónde; proveniente tal vez de un edificio cercano, o del guardia que se suponía custodiaba su seguridad, o quizá de cualquier persona que estuviera a su alrededor, lógicamente descartando a su esposa Natalia, quien era su única compañía en esos días tan grises que parecían no tendrían fin nunca o seguramente terminarían el día que por fin lograrán asesinarlo, por órdenes de Stalin.

Pero no todo estaba perdido, una luz de esperanza aparecía en su camino, la oferta de asilo político, en un país desconocido y alejado de todo aquellos que era conocido por él y su mujer. El entonces presidente de ese país, cuyo nombre jamás olvido pues representaba su salida del infierno que estaba viviendo; Lázaro Cárdenas, ofrecía una estancia segura en México para la pareja, la única condición era que sus actividades políticas tendrían que cesar por completo, únicamente pudiendo realizar actividades intelectuales que no generaran movimientos trotskistas.

Trotsky no dudo en aceptar la oferta y aunque no sabía nada del país que se convertiría en su hogar por quien sabe cuanto tiempo, marcho junto con su esposa en un buque petrolero que llevaba por nombre Ruth, y en el cual a lo largo de 20 días leyó y leyó tantos libros como le fue posible, buscando información de México, tratando de empaparse de conocimiento que le permitiera adaptarse con mayor facilidad.

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Que le deparaba el destino, no lo sabía, pero lo que, si sabía era que al llegar a puerto seria recibido por un tal Diego Rivera y su esposa una joven de nombre Frida Kahlo, de la que sin imaginarlo quedo cautivado desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron. Mujer de belleza sin igual, de gran porte y cabello negro que lucía joyas de oro como ninguna otra, esa mujer se convertiría en su guía, maestra, amiga y amante tiempo después, pero en ese momento no lo sabía, pues, aunque por un segundo se olvidó de su situación política al contemplarla, regreso a la realidad mientras pasaba por todo un calvario para llegar al que se convertiría en su destino final, una hermosa casa muy pintoresca llena de plantas y de un color azul vibrante.

Con el tiempo y las amabilidades de Diego para con el y su esposa, comenzó a sentirse más tranquilo en ese país desconocido, pero eso no importaba para él, que buscaba a como diera lugar acercarse a Frida, en esta ocasión, ya no como huésped o como amigo, su interés comenzó a ser amoroso. En un golpe de suerte ella le correspondió y fue entonces cuando a escondidas de su esposa, llegaba hasta la casa de Frida, en San Ángel, para acompañarla a los mercados o a los parques en los que comenzó a disfrutar de la comida mexicana, quesadillas, tortillas, sopas, caldos, bebidas como el pulque y sobre todo la maravillosa variedad de frutas que Frida amaba comprar para usarlas de modelos en sus cuadros. Fue ahí junto a zapotes blancos y chirimoyas donde Trotsky recupero sus ganas por vivir, comenzó a sentirse joven, lleno de energías, capaz de todo y de seguir a Frida a donde fuera, sin embargo, al regresar a la casa azul recordaba su situación y el peligro que su vida corría, aun en México.

Que le deparaba el destino, no lo sabía, pero lo que, si sabía era que al llegar a puerto seria recibido por un tal Diego Rivera y su esposa una joven de nombre Frida Kahlo, de la que sin imaginarlo quedo cautivado desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron. Mujer de belleza sin igual, de gran porte y cabello negro que lucía joyas de oro como ninguna otra, esa mujer se convertiría en su guía, maestra, amiga y amante tiempo después, pero en ese momento no lo sabía, pues, aunque por un segundo se olvidó de su situación política al contemplarla, regreso a la realidad mientras pasaba por todo un calvario para llegar al que se convertiría en su destino final, una hermosa casa muy pintoresca llena de plantas y de un color azul vibrante.

Con el tiempo y las amabilidades de Diego para con el y su esposa, comenzó a sentirse más tranquilo en ese país desconocido, pero eso no importaba para él, que buscaba a como diera lugar acercarse a Frida, en esta ocasión, ya no como huésped o como amigo, su interés comenzó a ser amoroso. En un golpe de suerte ella le correspondió y fue entonces cuando a escondidas de su esposa, llegaba hasta la casa de Frida, en San Ángel, para acompañarla a los mercados o a los parques en los que comenzó a disfrutar de la comida mexicana, quesadillas, tortillas, sopas, caldos, bebidas como el pulque y sobre todo la maravillosa variedad de frutas que Frida amaba comprar para usarlas de modelos en sus cuadros. Fue ahí junto a zapotes blancos y chirimoyas donde Trotsky recupero sus ganas por vivir, comenzó a sentirse joven, lleno de energías, capaz de todo y de seguir a Frida a donde fuera, sin embargo, al regresar a la casa azul recordaba su situación y el peligro que su vida corría, aun en México.

Su romance continuo por algún tiempo, acompañado de libros que escondían cartas de amor y días de campo en los que Frida se encargaba de mostrarle a Trotsky, la infinidad de platillos mexicanos que se podían crear a partir de maíz, lo agasajaba con sopes y tamales, pulque y tequila, mezcal y mole, platillos completamente nuevos para Trotsky, pero que consumía con tal, de ver feliz a su amada.

El amor les duro poco pues el huésped de Rivera y Kahlo, sentía la muerte cerca, escribió su testamento en una de las tantas noches que paso al lado de Frida, y agradeció por todo lo que habían vivido juntos, en el fondo sabía que su amorío solo era una venganza de la pintora mexicana, hacia su esposo que se jactaba de mujeriego aun teniendo a semejante mujer su lado.

Trotsky falleció un 21 de agosto de 1940, a la edad de 60 años luego de que fuera acuchillado por Ramon Mercader, y ni toda la seguridad con la que contaba pudieron evitar que fuera asesinado. En un funeral al que acudieron cerca de 300 mil personas el político ruso, fue cremado y sus cenizas descansan en el único lugar donde renació en todos los aspectos, la casa azul de Frida y Diego en Coyoacán.

Fotografía: Twitter / Frida Kahlo

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