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Automovilismo

Por siempre Senna

La bandera abraza a su hijo más querido, del McDonnell Douglas MD-11 desciende el ataúd que lo devuelve a su origen, a donde el sueño comenzó…

Es el 5 de mayo de aquel inolvidable 1994, las calles de Sao Paulo están copadas por millones de personas que se desplazan de un lado a otro, sin dirección aparente, pero guiadas por una necesidad imperiosa de sentirle cerca, de ser parte de un momento que nadie vio venir. La tristeza, la melancolía y la incredulidad son el denominador común; un país entero sacude las lágrimas de sus rostros, lloran a su héroe, a aquel que les regalara sonrisas e inmensa felicidad… ¡Adiós Senna!

La carroza fue escoltada por una gran multitud.

Nada puede separarme del amor de Dios

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7)… Las manos de Ayrton sostienen su inseparable Biblia, esa que siempre le acompaña y a la que recurre para tomar fuerzas y abrirse paso en su empedrado camino, luce como pocas veces: preocupado. Un día antes de la carrera ha visto morir a un compañero, el austriaco Roland Ratzenberger, y algo en su interior le advierte del inminente peligro… ¡No manejes!

A las 14:17hrs de aquel 1° de mayo Senna encaró su destino a más de 300 km/h, todo concluyó prontamente, muchas partes de su monoplaza salieron despedidas a gran velocidad inundando la pista, las banderas amarillas aparecieron y los rescatistas corrieron para brindarle asistencia. En el asiento de su Williams yacía el cuerpo de Ayrton, inclinado hacia la derecha, parecía dormido, sosegado, como si antes de partir hubiese tenido un encuentro divino que le llevó a su nueva morada.

El fin de semana más negro de la F1. Crédito: Retro Video Sports.

¡Nada pudieron hacer!, los rescatistas no le regresaron de su trance… él ya no estaba aquí. Quizá su único pendiente fue homenajear a su compañero Ratzenberger, pues a Senna se le encontró una bandera austriaca que pretendía ondear en el podio de aquel premio –en el que iba a la cabeza– en honor a su amigo caído. Tal vez no lo pudo hacer en vida, pero sí en el más allá.

Hay viajes que, ante nuestro deseo, deberían concluir de otra manera, sin embargo, jamás tendremos certeza del futuro y eso es lo que hace tan especial la vida, si fuera algo que pudiésemos controlar o predecir sería lineal y carente de matices. Sí, quizá Senna merecía más tiempo para acrecentar sus glorias, sí, quizá los aficionados necesitábamos verle nuevamente al volante, sin embargo, hoy a 27 años de su partida, ese instante que lo tuvimos, que fue nuestro, nos reafirma que su presencia fue un verdadero regalo del cielo.

Trascender para no morir

Por el resquicio de la cortina una prostituta ve partir a su cliente, un asesino a sueldo que busca liberarse de su prisión, antes de que desaparezca abre la ventana y le grita su nombre, mientras él se aleja montado en su moto… Está segura que la ventisca le ha ayudado para que su grito se convierta en un tenue susurro que jamás le haga olvidarla, no le importa el dinero recibido, solo quiere ser recordada (escena de la película Ángeles Caídos –Fallen Angels– del director Wong Kar-Wai).

Ayrton participó en 11 temporadas de Fórmula 1, piloteó para cuatro escuderías, condujo 12 monoplazas diferentes y conquistó tres títulos de pilotos, pero, lejos de toda la numeraria y los logros del paulista que son del dominio público está lo intangible, eso que no se ve, pero que inexplicablemente se siente. ¿Por qué Senna sigue habitando en nuestra memoria y en nuestros corazones?

Senna se convirtió en un ídolo mundial. Foto: El Universo.

Senna es como el mejor de los amores, no hay una explicación racional para describirlo, solo nos mueve. El brasileño tenía la capacidad de crear sensaciones, de transmitir la emoción que le producía tener un volante en las manos, era un piloto apasionado que hacia participe a todos de sus grandes batallas, con Ayrton muchos saltaron de sus asientos, lloraron sus derrotas, se ilusionaron con sus sueños y se identificaron con su estilo valiente y humanista. Él siempre fue democrático en su sentimiento.

El día de su funeral aviones brasileños dibujaron en el cielo un enorme corazón y la S de Senna. El féretro del paulista fue escoltado por una multitud de gente cuya extensión se calculó en 100 kilómetros de largo, además de que fue enterrado con honores. Pocas son las personas que pueden lograr algo así, actualmente son millones de fanáticos los que visitan su tumba o los monumentos que se erigieron en su memoria; le llevan flores, banderas, playeras… ofrecen sus corazones como tributo.

La huella de Senna es imborrable. Foto: AFP/ Nelson Almeida.

Para muchos expertos el paulista ha sido el piloto más rápido de todos los tiempos y un prodigio conduciendo bajo la lluvia, incluso hay quienes lo colocan como el número uno de la historia del automovilismo, lejos de avivar un debate subjetivo, lo cierto es que el legado y el mito de Senna jamás será olvidado… Ayrton trascendió cualquier estadística y se colocó en la posición de honor de lo verdaderamente importante, el corazón de las personas.

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